27 DE SEPTIEMBRE, DÍA MUNDIAL DEL TURISMO: COMUNICADO DE LA PLATAFORMA BIZILAGUNEKIN
Como cada año, con la llegada del 27 de septiembre, declarado por Naciones Unidas como “Día Mundial del Turismo”, queremos aprovechar la ocasión para subrayar los riesgos y daños que la actividad turística conlleva a nivel global y en Donostia.
En estos años hemos vivido en Donostia una reacción popular como respuesta a las consecuencias de la turistificación. No se trata de una campaña contra las personas visitantes, ni de una expresión de nostalgia por el pasado de la ciudad. Es un trabajo en favor de otro modelo social y de otra forma de vida: de los espacios compartidos, de la diversidad, que no deje a nadie atrás, de modelos urbanos basados en el bienestar de quienes habitan los barrios. Por eso no ocurre solo en lugares concretos: es una red de movimientos en expansión en los territorios del sur de Europa y en infinidad de lugares del mundo, que se comprime, aprende mutuamente y, al mismo tiempo, actúa desde lo local.
Las ciudades y los pueblos son construidos por las comunidades, física y simbólicamente. Es derecho de las vecinas y vecinos disponer de un lugar digno para vivir, y por eso defendemos nuestras vidas de la turistificación salvaje y cuestionamos los modelos insostenibles que nos imponen. No es un problema sectorial. No se trata solo de urbanismo, ni solo de vivienda, ni solo de medio ambiente. La lucha por el decrecimiento turístico engloba todo eso y cuestiona el modelo en su conjunto. La cultura del consumo, la acumulación de capital, la priorización del beneficio privado, la homogeneización cultural y las lógicas de mercado que alimentan las opresiones estructurales (racismo, clasismo, sexismo) son, entre otros, los motores del desequilibrio en nuestras ciudades y en nuestras vidas.
La mayoría de donostiarras estamos preocupados y hartos de lo que viene ocurriendo en la ciudad en los últimos años. El turismo ha adquirido un peso excesivo en el modelo económico de la ciudad y condiciona completamente, entre otras cosas, el espacio público, las condiciones laborales, la situación sociolingüística, el ecosistema cultural, el modelo de convivencia, la vida en los barrios y la relación con la naturaleza. Defender el crecimiento de la actividad turística no es aceptable para quienes queremos vivir en Donostia. Conscientes de ello, los turistificadores se dirigen a nosotras y nosotros disfrazados de gestores razonables. Utilizan términos como turismo sostenible, desestacionalización, tasa turística, turismo de calidad y mil trucos más para desviar el debate del verdadero problema. Pero todos ellos tienen como prioridad garantizar el negocio de quienes se enriquecen con la turistificación de la ciudad; son caramelos con los que pretenden calmar nuestro enfado, para que los especuladores y explotadores que realmente mandan en esta ciudad sigan llenándose los bolsillos a costa de nuestras vidas.
Es hora de pasar de las palabras a los hechos: paremos la turistificación. Sin apostar por el decrecimiento turístico, difícilmente se encontrará una salida al problema. Para proteger las condiciones de vida de las personas que vivimos aquí, deberemos limitar el poder de quienes hacen negocio con la turistificación y poner en marcha una estrategia integral para reducir el peso y la centralidad que el turismo ha adquirido en la ciudad. La vía más deseable es una transición consensuada y ordenada: elaborar y llevar a cabo un plan que transforme las empresas, el trabajo, el espacio público, la oferta cultural y demás hacia el decrecimiento turístico. De lo contrario, vivir con una excesiva dependencia del turismo nos pone en riesgo de sufrir un decrecimiento forzado por el colapso turístico. Entendamos lo que nos ocurre y lo que nos hacen; organicémonos y activémonos; ¡pongamos en marcha la transformación!
